TODO POR IMPRUDENCIA O DESCUIDO

Por Sergio Mejía Cano

Quienes han estado y están detrás del volante de un vehículo automotriz, saben del riesgo habitual que esto significa así vayan con la máxima precaución posible debido a la imprudencia de otros que están en las mismas circunstancias, pero que por algún motivo o razón tuvieron un descuido que los hizo cometer algún error.

Sin embargo, de lo que más tendría que cuidarse el conductor de un vehículo automotriz es de los peatones y claro que estos también deben de tomar sus precauciones precisamente porque podría andar por su camino un conductor despistado y que por más prudencia que tenga el peatón, a veces la pierde y viceversa desde luego.

Constantemente se dan noticias en los medios informativos sobre personas atropelladas, y por lo regular la nota referente se formula para que parte de la opinión pública que lee sobre un atropellamiento tenga la impresión de que fue el vehículo automotriz quien tuvo la culpa del desafortunado accidente.

Queda claro que muchas de las veces es la imprudencia de algún peatón por lo que le amarga el día a quien va manejando un vehículo; porque mientras arrollen a un peatón a media cuadra y a media calle o avenida, es poco probable que el conductor del vehículo sea el culpable, caso contrario si el vehículo se subió a la banqueta y embistió a una o varias personas que caminaban tranquilamente por la acera con la plena convicción de que ahí están de lo más seguras.

Y a propósito de embestir, van varias veces que en alguna nota referente a un accidente se lee que “el tren embistió a una persona”, y desde luego que con esta palabra ya está siendo un poco insidiosa la nota informativa, quizás no a propósito, pero da a entender que el tren, al igual que un toro persigue a los toreros con la finalidad de embestirlos; y con el tren desde luego no es el caso, porque así el tren arrolle a una persona o a algún vehículo en un crucero público a nivel, es obvio que todo se debió a la imprudencia de quien se le atravesó al tren.

Así que si un peatón se le atraviesa a un vehículo a media cuadra de alguna rúa, pues queda claro que el conductor del vehículo no tendría culpa alguna; sin embargo, el peatón atropellado ya le pasó a perjudicar el día al conductor del vehículo ya sea que huya o que se quede a la espera de las autoridades, porque mientras son peras o manzanas queda detenido y posiblemente después de deslindar responsabilidades, hasta una multa ande pagando y aparte los daños a su vehículo y desde luego las posibles curaciones del atropellado; y todo esto nada más por ir manejando y así lo hiciese con la mayor precaución posible, un peatón despistado ya pasó a destruirle su día y posiblemente su bolsillo.

Es poco probable que quien conduzca un vehículo automotriz o hasta una bicicleta se levante de su cama pensando a ver si ese día se echa a un peatón con su vehículo; sin embargo, hay ocasiones en que se lee en una nota roja: enésima víctima de un cafre del volante, y más si la víctima es por un camión del transporte urbano. Porque con esta frase se da pie para que mucha gente satanice de inmediato al conductor tachándolo precisamente de cafre del volante y otros epítetos culpándolo así, nomás a la ligera sin ponerse a pensar en las causas que originaron el atropellamiento. Tal y como recientemente se informó en los medios locales sobre dos personas de aspecto indigente o una de ellas posiblemente bajo los influjos de bebidas embriagantes que fueron atropellados en las inmediaciones del Centro Histórico de Tepic; entonces en estos casos, la culpa pudo no haber sido de los conductores de los respectivos vehículos sino de los atropellados, aunque quién sabe.

Y a propósito de que el tren no se sale de la vía para arrollar vehículos o gente, varias veces me tocó oír esta expresión de algunos conductores de vehículos que había arrollado el tren en donde un servidor iba viajando y que los daños habían sido únicamente materiales, porque algunos de los conductores envalentonados se dirigían a la tripulación del tren diciendo: sí, ya sé que van a decir que el tren no se salió de la vía, por lo que lo más común era decirles: ¿y acaso se salió? O lo clásico: no pitaste, un pretexto de muchos conductores de vehículos que son accidentados por el tren; y en estos casos se les preguntaba por qué no habían hecho alto total, tal y como lo señalan las palmetas ahí presentes de “ALTO-VEA-OIGA”. Esto sería algo parecido a si un atropellado a media calle y cuadra le dijera al chofer que no pitó.

Sea pues. Vale.

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