AEROPUERTO INTERNACIONAL AMADO NERVO

Por Sergio Mejía Cano

Se dice que no es ético escribir sobre cosas personales en una columna de opinión; sin embargo, en ocasiones podría servir anexar algunos datos particulares para tratar de explicar algo referente a un concepto o experiencia que en general ya no sea tan íntimo.

Resulta que por motivos familiares, este pasado sábado me invitaron a despedir a un familiar al aeropuerto Amado Nervo, el que confieso, no conocía ni en fotos. Quizás esto hable del poco mundo recorrido por un servidor, ya que en realidad no conozco ningún aeropuerto del país salvo el de Guadalajara, que por cierto está situado en el municipio de Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco; como el de aquí de Tepic que se encuentra en el municipio de Xalisco. Pero el aeropuerto Miguel Hidalgo, que se conoce también como de Guadalajara, lo conocí en su albores, es decir, cuando era un poco parecido al de aquí en cuanto a sus dimensiones, aunque nada qué ver con aquél aeropuerto cercano a la carretera a Chapala, Jalisco que, a pesar de lo pequeño, recuerdo que era más amable para los visitantes y usuarios que el de Tepic que en verdad me da pena cuando se le dice “internacional”.

Llegamos a eso del medio día y al entrar a la sala del aeropuerto de aquí de Tepic, me sorprendió de inmediato el poco espacio para el público usuario y desde luego acompañantes que van a despedir a los viajeros. Al frente de la entrada, a lo máximo de unos ocho o diez metros están dos módulos de igual número de compañías aéreas; hacia la izquierda, es decir, hacia el sur, al fondo un pequeño restaurante, vacío por cierto con unas seis mesas para los probables comensales, y a la entrada de dicho restaurante ocho asientos ya sea para los pasajeros o personas que van a despedir o recibir pasajeros, y enfrente de estos asientos un pequeño cubículo de una empresa arrendadora de automóviles, enseguida una máquina para pagar el estacionamiento pero que está fuera de servicio y una máquina expendedora de bebidas gaseosas. Hacia la derecha, o hacia el norte, otro pequeño cubículo con una tienda de refrescos, botanas y otra clase de bocadillos, y luego de unas puertas están los baños que, eso sí, estaban en perfecto estado de funcionamiento. A un lado de los baños una pantalla como de 32 pulgadas sin funcionar y bajo y al lado de esta el cuarto de revisión de pasajeros y la salida hacia la espera del vuelo por salir o por llegar.

Cuando llegamos mis familiares y yo al aeropuerto había relativamente poca gente, pero conforme se llegaban las 12:30 horas comenzaron a llegar más personas por los que uno de los módulos se vio con mucha gente registrando su vuelo y documentando su equipaje.

Como se me ocurrió comentar la decepción que me había causado esta terminal aérea, como siempre, no falta un acomedido que dé su opinión al respecto, ya que un señor más o menos cuarentón nos dijo que no hacía falta que tuviera más dimensiones esta terminal, ya que prácticamente había pocos vuelos y que por lo regular había horarios en que la sala de atención a pasajeros quedaba vacía; y para ilustrarnos un poco más, añadió que un verdadero aeropuerto internacional era el de Atlanta, Georgia, en los Estados Unidos en que, según este señor, prácticamente había vuelos y despegues cada dos minutos, esto, nos dijo, para que se den una idea de lo que es un aeropuerto. Pues gracias, le dijimos, sin comentarle que un servidor conocía muchos aeropuertos pero nada más en películas o fotografías, por lo que no me podía dar ninguna idea de cómo eran en realidad; pero de lo que sí me estaba dando cuenta era de que el aeropuerto de Tepic, me había desilusionado enormemente.

En cuanto al aeropuerto de Guadalajara que conocí a finales de los años 50 del siglo pasado, recuerdo que su sala de espera y atención a usuarios y visitantes más bien parecía a como luce hoy en día la sala de espera de la Central Camionera de Tepic, y además, contaba con una terraza para que los visitantes contemplaran la llegada y salida de aviones; y creo recordar que cada ciertos días había avionetas que ofrecían viajes de paseo.

Sin embargo, este aeropuerto de Tepic no tiene modo de que se vean ni siquiera las pistas, mucho menos salir y llegar de los aviones porque al menos de la sala de espera que me tocó conocer, todo está tapado hacia el campo aéreo, excepto unos ventanales al fondo del restaurante que deja entrever nada más una parte de la zona donde se supone que pasan los aviones y avionetas, pero casi nada de visualidad para el visitante curioso.

Sea pues. Vale.

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