EL NUEVO MONSTRUO

“Soy malvado

porque no soy feliz”.

Mary Shelley- Frankenstein.

Por J. Gerardo Rodríguez Rdz.

Víctor Frankenstein fue un científico obsesionado con la química y con la posibilidad de crear vida con materia inanimada. Debido a esa vocación empedernida crea una criatura humanoide con pedazos de cadáveres, con ayuda de sustancias químicas le da vida. Este ente sin alma fue rechazado por miedo, ya que su aspecto era monstruoso. La criatura escapa y se envuelve en una espiral de venganza contra la familia Frankenstein. Este monstruo se volvió contra su creador.  Así va la novela de Mary Shelley de 1816, llevada al cine en numerosas versiones y con licencias en cuanto a la historia original de la autora londinense.

Sin duda, la sociedad mexicana llenó su vaso de tolerancia en los últimos meses, cansada y harta del establishment, decidió votar por lo que el imaginario colectivo asumía era una opción distinta. Yo considero que el votante mexicano, latino en general, somos ilusos, nos emocionamos en campaña por alguien, pero no volteamos a ver cual ha sido su historia pública, créanme que no cambiará, si un político actuó de una forma como presidente municipal, como gobernador, como legislador, va actuar exactamente igual en su próximo encargo. Nada cambiará, no bajará una luz que lo ilumine proveniente del cielo que lo guíe y lo haga mejor persona o mejor tomador de decisiones.  El presidente López Obrador ya había actuado de una manera como jefe de gobierno y no iba a cambiar, no ha cambiado. En otra columna enumeraré en los elementos en los que ha actuado igual y por tanto, su desempeño mediocre. En esta ocasión, quiero enfocarme en la criatura que está creando.

AMLO en su afán de ser considerado distinto, creo un fenómeno muy utilizado en algunas zonas en el medievo para apaciguar a la población (que hemos visto hasta en películas), y en algunas dictaduras vulgares en América Latina o en África.  Los intelectuales han llamado a este fenómeno, incluso esta herramienta de toma de decisiones, como Oclocracia.

La oclocracia o gobierno de la muchedumbre es una degeneración democrática, en la que el presidente tal vez busca una ilusoria legitimidad. Entendiendo que el presidente no necesita buscar legitimidad por la manera en que llegó, con una amplia mayoría. Pero esta frívola herramienta está creando un monstruo que después, como efecto boomerang, puede regresar en su contra.

Ya lo ha hecho y lo volvió ha hacer recientemente con el tren que conectaría toda la zona de la Laguna, en la zona de Durango y Coahuila, una de las regiones más competitivas del país; esta obra tengo entendido conectaría a la clase trabajadora de la zona.

El presidente, manipulando al auditorio que tenía en su gira por Durango, incitó a los asistentes a votar, con una frase negativa al principio para adelantarle a la muchedumbre cual es el destino de su decisión. De forma perversa señala que la obra de unos mil millones de pesos, podría cancelarse y ese dinero utilizarlo en infraestructura hídrica urbana o en insumos para hospitales (atendiendo una crisis que el mismo presidente la escaló como ya indicaba el ex director del Seguro Social). Los asistentes, a mano alzado y con bulla señalaron que agua. En ese momento, recordando a Hugo Chávez cuando decía “exprópiese” en decretos sumarios y verbales, decretó el presidente que esa obra del tren ya no seguiría.

Los constructores felices, porque serán indemnizados de acuerdo a su contrato de obra y, sin riesgo, se llevarán su dinero; el problema es la generación de elefantes blancos, infraestructuras a medias que no se detonan y el dinero previamente gastado en obras que no terminarán y no funcionarán, un derroche velado de un presidente que anuncia constantemente que no habrá derroches y que está en una austeridad franciscana.

Aquí lo que considero más grave es el Frankenstein que esta creando el presidente. En ese afán de dar participación (que existen numerosas maneras de participación ciudadana con mejor vocación democrática y legal) el presidente está generando más enconos en la sociedad mexicana, puesto que la muchedumbre que se presenta a un acto público del gobernante es quién alienta a decidir al presidente (porqué al final al no haber respaldo es una decisión autocrática del mandatario) sin respaldo técnico, jurídico ni financiero, lo que puede ocasionar problemas más grandes, que ya las iremos abordando en esta columna.

En tanto, así como he señalado que la muchedumbre es vulnerable y manipulable, la muchedumbre es vengativa e ingrata, se envilece con facilidad porque no es plena ni feliz. Así como como animador de circo encuerda a los asistentes de sus actos al preguntarles si están de acuerdo o no de enjuiciar a los expresidentes (que le dirán que sí), no hay razones jurídicas para sancionar a nadie, sólo a Peña Nieto por razón cronológica, ya no hay manera de llevar a juicio a los anteriores por temas de prescripción. Esa muchedumbre molesta, puede ir poco a poco, en algún momento, linchar al presidente con palabras que pueda ocasionar, de a poco pero consistente, un desgaste innecesario que nos llevaría del presidente más legitimado y popular del México moderno al más impopular. En sentidos bíblicos, la muchedumbre crucificó a Jesús, por lo que la moraleja es que cualquiera puede ser crucificado. En términos novelescos, López Obrador está creando un monstruo que puede rebelarse contra su propio creador. Eso no conviene a nadie, porque el enrarecimiento y la turbulencia del clima social afecta a todos, a la economía (ya de por sí lastimada), a la política, al derecho y a la sociedad en general. Ahora en términos huachiloleros, estamos ante un baño de gasolina, y en cualquier momento puede haber una chispa que encienda y nos conduzca a más conflictos. Pero al presidente le gusta el conflicto, el encono y la polarización, así que supongo que no cambiará esto y será la tónica de todo el sexenio, ya hemos visto esta película, el Brasil después de Lula, en donde ese líder social no resolvió los problemas de aquel país, sino se incrementaron. 

Esto sirve de enseñanza para pensar que siempre podemos estar peor, pero hay todavía oportunidades, hay que encontrarlas o inventarlas.

Entre vampiros y sociedad.

El extraordinario cineasta Guillermo del Toro, el tipo que ha reinventado el cine fantástico y cuenta con los mejores vampiros de Hollywood, también está reinventando a la sociedad participativa; es el líder social que está detrás de los apoyos de todos los grupos que se quedaron sin el impulso gubernamental, espero encienda esas ganas en más líderes de la sociedad. Donde el Estado mexicano se pulveriza o desmantela, está Del Toro, y espero que muchos más.

Carpe Diem

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