2020

"Evitar los extremos es una

virtud moral en sí misma;

además de una condición para

la estabilidad política y social”.

Tony Judt

Por J. Gerardo Rodríguez Rdz.

He andado ausente por estas líneas, pero sin lugar a dudas, las pequeñas ausencias refuerzan las ideas y redoblan los bríos para escribir algunas reflexiones. En estas semanas han pasado muchas cosas para charlar, se irán desarrollando en este espacio. En este momento quiero compartir el fenómeno que está sucediendo en Estados Unidos, de cara al 2020. Y no es cosa menor para México.

Al respecto recuerdo en este momento la película titulada 1969, largometraje del año ochenta y ocho escrita y dirigida por Ernest Thompson, protagonizada por las estrellas juveniles del momento Robert Downey Jr, Kiefer Sutherland y Winona Ryder, acompañados con el soporte del gran actor Bruce Dern. Esta película gira alrededor de una época donde los llamados baby boomers (los nacidos después de la bomba atómica, es decir entre 1946, hasta 1965) estaban en su adolescencia. Una generación donde se sembró la chispa de la rebeldía, por todo el mundo. La historia de la película manifiesta unos jóvenes que se niegan a ir a la guerra de Vietnam y prefieren recorrer el país en una combi. Esos cambios que generaron influyeron más en el resto del mundo que en Estados Unidos, salvo en su música.

En la actualidad existe una agenda progresista importante en Estados Unidos, curiosamente mientras en el resto del mundo la social democracia está en crisis, en el país de las barras y las estrellas ese discurso es fresco puesto que cuando esta corriente ideológica y económica gobernaba la mayoría de los países europeos, de este lado las políticas de Reagan eran las que tenían creciendo al país.

Ahora es cada vez más sólido el discurso de la social democracia que sea tachada de comunista, incluso políticos como Bernie Sanders y Elizabeth Warren son más moderados que otras posturas del partido demócrata (Ocasio-Cortez). Sin embargo, hay dos argumentos al parecer sólidos de lo que pasa en Estados Unidos, el primero de ellos es que el fenómeno de Trump es una anomalía en la política norteamericana y esa anomalía se corrige con un personaje como Joe Biden, es decir lo moderado de la política norteamericana. El otro argumento señala que Trump no es ninguna anomalía y la población norteamericana ha cambiado y se ha radicalizado la política. Esto conlleva a un futuro en los próximos meses de pronóstico reservado.

De igual manera hay muchos análisis al respecto que cual es mejor candidato del partido Demócrata de cara a enfrentar al presidente Donald Trump, lo que es un hecho, que el habitante actual de la Casa Blanca le ha apostado a la polarización y apuesta a que Warren sea su contrincante. Expertos señalan que los cuatro sectores emergentes electorales si salen a votar, no tendría posibilidades el partido Republicano. Estos sectores son: los afroamericanos, los latinos, los asiáticos y las mujeres jóvenes profesionistas. El reto es que salgan a votar todos, como lo hicieron con Obama, y no lo hicieron con Hillary Clinton.

Pero el hecho que no sea agradable el señor de cabello naranja no significa que nos pueda ir mejor con los demócratas. Tal vez en el aspecto migratorio no existiría tanta presión como con Trump. Pero llegaría tan polarizado y dividido un posible presidente del partido Demócrata que no habría una reforma migratoria pendiente desde la época de Barack Obama.

En el tema del T-MEC, son disímbolas las posturas de los aspirantes del pardito Demócrata, existe desde la postura de Biden que está a favor, hasta Warren que ha manifestado estar en contra de este tratado de libre comercio. En general, Biden representa la política moderada, la clásica visión norteamericana; con Warren tal vez la agenda social demócrata genuina puede ayudar a tener en México, por influencia, una verdadera social democracia, que como lo he dicho en columnas anteriores, no hemos tenido un neoliberalismo genuino, pero tampoco tenemos actualmente una verdadera agenda progresista. Pero será una decisión que tomen pasando el Río Bravo, y el tiempo nos dirá. De los demás aspirantes ni hablamos, sus posibilidades son cada vez más remotas.

Ahora bien, lo que es curioso, el año 1969 fue un año de posturas radicales; pero no existió, al menos en Estados Unidos, eco en la política formal. Tal vez hoy en día, los actores actuales, que por su edad (los que encabezan las encuestas) eran esos jóvenes que vivieron esos tumultuosos finales de los sesenta y ahora, tienen el poder de decisión; y son ellos los que se conectan con los millenials.

Entonces al final, es incierto como le puede ir a México con los aspirantes a la presidencia de los Estados Unidos, pero influye, como siempre ha influido. Lo que es un hecho que Donald Trump ha manifestado ser amigo del presidente López Obrador, lo que no le dará buenos réditos si ganan los demócratas. Al tiempo.

En solitario.

Mientras de manera doméstica, los liderazgos de morena y personas del equipo de AMLO tienen una lucha intestina en los distintos espacios, como lo son las cámaras, el partido, el gobierno, los sindicatos afines, los estados; el canciller Ebrard camina solo, se vende, se “placea” en los foros internacionales, sin ningún obstáculo, ni siquiera su propio jefe. Digamos que anda en campaña sin que nadie le meta, hasta el momento, un puntapié.

Carpe Diem

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