Artículos de Martín Elías Robles

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EN EVOCACIÓN A LA CORTESÍA

Por Martín Elías Robles

Qué tal, amigo lector; Como lo dije en una columna anterior, sí que nos ha arreciado el calor en la tierra Cora, pero al parecer todavía nos falta por vivir más de este infierno, pues el sistema meteorológico nacional ha anunciado que la temperatura bien podría alcanzar los 50 grados centígrados en algunas zonas de Nayarit; razón por la cual se han activado los mecanismos de emergencia para atender a la población.

Todavía recuerdo cuando viviendo en Tamaulipas alguna vez me tocó dormir en la azotea, a la intemperie y con sábanas mojadas para soportar el intenso calor en las madrugadas, sábanas que pasados unos minutos había que volverlas a mojar para estar algo refrescados. En fin, que le vamos hacer, contra la naturaleza no se puede.

LUEGO DEL DÍA DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN MÉXICO. Ahora que estamos en un proceso electoral donde la fiesta de las banalidades políticas se ha puesto en el candelero nacional, valga la ocasión para hacer una reflexión respecto al periodismo auténtico: Es muy cierto que el oficio de periodista está unido de manera íntima al debate de la política, que es el vínculo para el diálogo entre la sociedad y sus políticos, sus representantes populares; son los periodistas el enlace de comunicación que en buena parte hace posible la consolidación de la democracia que se fortalece con la opinión pública. De ahí que, entiendo, el periodismo real nace como un instrumento de divulgación ideológica, de crítica político-social, mediante el cual se mantienen los equilibrios de los poderes a través de la efectiva información.

Entonces me pregunto, qué está pasando con el periodismo nacional, por qué se han deteriorado tanto los cables que conducían la información real y veraz. Por desgracia, y me cuento entre los culpables de la tragedia, hoy se ha perdido mucho del periodismo consistente, interpretativo y ético; son pocos los colegas que le apuestan a la divulgación de la información verdadera en asuntos realmente laxantes; por desdicha, en este oficio también existen los delincuentes de la pluma, los periodistas amarillistas, los mentirosos y los que hacen de su oficio un arma para amenazar a quienes ostentan el poder o son personas públicas, algo que en nada beneficia al gremio periodístico. En fin, yo sigo pensando que los líderes de opinión debiéramos estar muy marcados por la sensatez y la prudencia, siendo fieles a la responsabilidad de llevar a la ciudadanía nuestra opinión sin más compromisos que la verdad y la voz de nuestra conciencia.

SE FUE MARÍA DOLORES PRADERA. “Jazmines en el pelo y rosas en la cara, airosa caminaba la flor de la canela, derramaba lisura y a su paso dejaba aroma de mistura que en el pecho llevaba.” Y luego aquella que tan magistralmente interpretaba; “De qué estás hecho tú, de piedra o hielo que no sabes sentir, ni amor ni celo, tú no eres como yo, estoy seguro de eso. Tú no eres como yo, a ti no te hizo Dios de carne y hueso”. Estos son algunos de los éxitos que tuvo la gran cantante española María Dolores Pradera, la señorona de la canción que el lunes pasado dejó de existir a la edad de 93 años. Ella nunca dejó de trabajar llevando por el mundo la música de los compositores de todo hispanoamérica, fue una real embajadora de la canción de trova, la vernácula y la regional mexicana. Le recuerdo con su trio de músicos y su inseparable chal, con sus manos que hablaban y su especial tono de voz. Seria y portentosa, pero a la vez gentil y generosa. Alguna vez en Televisa en plena presentación de “Siempre en Domingo” les dejó rabiando de coraje cuando salió al foro cantó media canción y abandonó el lugar porque tenían el aire acondicionado muy alto y ella traía gripa. No la hicieron regresar por nada. Un desplante en cadena nacional, cuando la televisión era el medio de comunicación más importante en este país. Descanse en Paz, Doña María Dolores Pradera.

ENTRE TANTAS JOYAS LITERARIAS QUE HABITAN EN MI AÑEJO LIBRERO, ENCONTRÉ; “LA CALLE” (Carta a mi hijo) del escritor italiano Edmundo De Amicis. Aquí le transcribo tan original escrito:

Te observaba desde la ventana esta tarde al volver de casa del maestro; tropezaste con una pobre mujer. Cuida mejor de ver cómo andas por la calle. También en ella hay deberes que cumplir. Si tienes cuidado de medir tus pasos y tus gestos en una casa, ¿por qué no has de hacer lo mismo en la calle, que es la casa de todos? Acuérdate Enrique: siempre que encuentres a un anciano, a un pobre, a una mujer con un niño en brazos, a un impedido que anda con muletas, a un hombre encorvado bajo el peso de su carga, a una familia vestida de luto, cédeles el paso con respeto; debemos respetar la vejez, la miseria, el amor maternal, la enfermedad, la fatiga, la muerte. Siempre que veas a una persona a la cual se le viene encima un auto, quítale del peligro, si es un niño; adviértele, si es un hombre. Pregunta siempre qué tiene el niño que veas solo llorando. Recoge el bastón al anciano que lo haya dejado caer.

Si dos niños riñen, sepáralos; si son dos hombres, aléjate para no asistir al espectáculo de la violencia brutal que ofende y endurece el corazón. Y cuando pase un hombre maniatado entre dos guardias, no añadas a la curiosidad cruel de la multitud, la tuya: puede ser un inocente. Cesa de hablar con tus compañeros y de sonreír cuando encuentres, o una camilla de hospital que quizá lleva un moribundo, o un cortejo mortuorio,  porque ¡quién sabe si mañana no podría salir uno de tu casa! Mira con reverencia  a todos los muchachos de los establecimientos benéficos que pasan de dos en dos, los ciegos, los mudos, los raquíticos, los huérfanos, los niños abandonados; piensa que son la desventura y la caridad humana los que pasan. Finge siempre no ver a quien tenga una deformación repugnante, ridícula. Apaga siempre las cerillas que te encuentres encendidas al pasar; el no hacerlo podría costar caro a alguno. Responde siempre con finura al que te pregunte por una calle. No mires a nadie riendo; no corras sin necesidad y no grites. Respeta la calle. La educación de un pueblo se juzga, ante todo, por el comedimiento que observa en la vía pública. Donde notes falta de educación fuera, la encontrarás  también dentro de las casas.

Estudia las calles, estudia la ciudad donde vives, que si mañana fueras lanzado lejos de ella, te alegrarías de tenerla bien presente en la memoria, y de poder recorrer con el pensamiento tu ciudad, tu pequeña patria, la que ha constituido por tantos años tu mundo, donde has dado tus primeros pasos al lado de tu madre, donde has sentido las primeras emociones, abierto tu mente a las primeras ideas, y encontrado los primeros amigos. Ella ha sido una madre para ti: te ha instruido, deleitado y protegido. Estúdiala en sus calles y en su gente; ámala, y cuando oigas que la injurian defiéndela.  Tu padre. 

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